Para la Iglesia Católica, la
pedofilia y la pena de muerte son cuestiones inferiores si la comparan con el aborto. Incluso restan importancia a las
violaciones. Al fin y al cabo, sin la pena de muerte a la que fue condenado
Jesús, hoy en día la Iglesia no existiría. Y en cuanto a la
pedofilia, solo cabe recordar el "dejad que los niños se acerquen a mi".
Las religiones son excluyentes por definición. Todas tienen sus códices sagrados en los que se dogmatiza sobre el bien y el mal. Sobre quienes se salvaran y quienes
serán condenados. Todos, en definitiva, creen tener la verdad única. ¿De qué otra manera sino se puede entender tal
desprecio por la democracia de la Iglesa Católica? Muchos de sus dirigentes miran con nostalgia cuando aun eran los guardianes de la moral española al amparo del franquismo.
Tal vez lo más patético es que
acusen a los partidos de izquierda de promover la matanza de inocentes. Y lo hacen los mismos que han apoyado dictaduras como la italiana, la
franquista, la argentina, la chilena, la portuguesa, la eslovaca, la croata e innumerables más. Incluso al
nazismo puntualmente. Los mismos que por la gracia de Dios promovieron cruzadas
genocidas, siglos de tortura y quema de brujas.
Aún así, es positivo para el progreso de la humanidad que se pronuncien en estos términos. Las iglesias cada domingo estan más vacías. En los seminarios cada vez hay menos aspirantes a sacerdotes.
La ciencia avanza cuando la fe y la ignorancia retroceden.